El fenómeno de El Niño ya dejó de ser una posibilidad. El 9 de julio de 2026, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó oficialmente su presencia y estimó una probabilidad superior al 97% de que continúe hasta comienzos de 2027.
El escenario podría intensificarse durante el segundo semestre. Según NOAA, existe un 81% de probabilidad de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre de 2026. La Organización Meteorológica Mundial también venía advirtiendo desde junio sobre una rápida transición hacia condiciones cálidas en el Pacífico tropical.
Para los exportadores latinoamericanos, la lectura estratégica es clara: todavía no existe una crisis generalizada ni una caída regional de las exportaciones atribuible al episodio actual, pero los riesgos operacionales ya están aumentando.
Cambios en las lluvias, temperaturas superiores a lo normal, menor disponibilidad de agua, interrupciones viales y restricciones de calado pueden afectar la producción, el transporte y la conservación de las mercancías. Por eso, como exportador, no deberías esperar a que se produzca una emergencia para revisar sus rutas, contratos, seguros y necesidades de liquidez.
El impacto será diferente en cada mercado
Uno de los errores más frecuentes es analizar El Niño como si produjera las mismas consecuencias en toda América Latina. En realidad, el impacto cambia según el país, la región y la temporada.
Mientras algunas zonas enfrentarán sequía y calor, otras podrían recibir lluvias superiores a lo normal. Incluso dentro de un mismo país pueden coexistir condiciones favorables para una cosecha y riesgos importantes para la siguiente campaña.
El boletín regional de julio de 2026 de CIIFEN proyecta temperaturas por encima de lo normal en buena parte de Colombia, Ecuador y Perú. Al mismo tiempo, anticipa mayores lluvias en sectores costeros de Ecuador y Perú.
| Región | Condición esperada | Principales exportaciones expuestas |
| Costa de Perú y Ecuador | Más calor y posibles lluvias superiores a lo normal | Pesca, cacao, banano, café, frutas y productos refrigerados |
| Colombia y norte de Sudamérica | Menores lluvias, calor y reducción de caudales | Café, flores, banano, aguacate, palma y azúcar |
| Centroamérica y Caribe | Mayor riesgo de sequía agrícola | Café, banano, azúcar, frutas, hortalizas y ganadería |
| Canal de Panamá | Menor calado autorizado para buques neopanamax | Carga contenerizada y graneles entre América, Asia y Europa |
Fuente: NOAA, OMM, CIIFEN, FAO, IDEAM, CEMADEN, ENFEN y Autoridad del Canal de Panamá. Elaboración propia.
Agricultura y pesca: el impacto comenzará antes de que aparezcan las cifras de exportación
La agricultura será uno de los sectores más expuestos, especialmente en regiones que dependen de la lluvia y cuentan con una infraestructura limitada de riego.
En Colombia, la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex) advirtió que ocho de los diez principales productos de exportación no minero-energética presentan algún nivel de vulnerabilidad frente al niño. Entre ellos se encuentran el café, el banano, las flores, el aguacate Hass, el aceite de palma y el azúcar.
Esto significa que una parte importante de la oferta exportadora depende de cultivos sensibles a la lluvia, la temperatura y la disponibilidad de agua. La exposición es especialmente relevante porque cerca del 72% de la agricultura colombiana depende de las precipitaciones y no de sistemas tecnificados de riego.
En Perú, el Comité Multisectorial ENFEN mantiene una alerta de El Niño Costero. Además de las lluvias y temperaturas superiores a lo normal, las condiciones cálidas pueden modificar la ubicación de los recursos pesqueros. La anchoveta podría acercarse a la costa y encontrarse a mayor profundidad, mientras aumenta la presencia de especies de aguas cálidas.
Para las empresas pesqueras, estos cambios pueden alterar costos de captura, rendimiento de las embarcaciones y disponibilidad de materia prima, incluso antes de que se observe una reducción en las exportaciones.
En Ecuador, el riesgo se concentra en la combinación de lluvias, humedad y temperatura. En cacao, el exceso de humedad puede favorecer hongos, afectar la floración y dificultar el secado del grano. En banano, el estado de los drenajes y el manejo del agua serán determinantes para evitar pérdidas de productividad y calidad exportable.
La logística puede convertirse en el primer cuello de botella
El impacto más inmediato para muchas empresas probablemente no llegará desde el cultivo o la planta, sino desde el transporte.
Lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos pueden interrumpir carreteras, puentes y accesos de última milla. Una ruta nacional puede permanecer abierta mientras el acceso a una finca, mina, planta de producción o centro de distribución queda bloqueado.
Perú ya está fortaleciendo sus planes de prevención vial ante el riesgo de lluvias, huaicos e inundaciones. El Ministerio de Transportes y Comunicaciones ha priorizado intervenciones preventivas, puentes modulares, monitoreo de comunicaciones y mecanismos rápidos de financiamiento para atender emergencias.
A escala regional, la principal restricción operativa confirmada se encuentra en el Canal de Panamá.
La Autoridad del Canal anunció que el calado máximo autorizado para buques neopanamax se reducirá a 14,94 metros desde el 24 de julio y a 14,78 metros desde el 15 de agosto de 2026. Aunque el Canal mantiene su estabilidad operativa, una reducción de calado puede obligar a los transportistas a embarcar menos carga, reorganizar conexiones o utilizar capacidad adicional.
Para el exportador, esto puede traducirse en:
- cambios en el plan de carga;
- menor disponibilidad de espacio;
- transbordos adicionales;
- reprogramación de itinerarios;
- mayores costos de flete;
- demoras en la entrega;
- gastos de demurrage o detention.
Las empresas con embarques programados a través del Canal deben solicitar al naviero o al freight forwarder una confirmación escrita del plan de carga, las conexiones y cualquier posible ajuste en el itinerario.
Proteger la mercancía durante el almacenamiento
El riesgo no termina cuando el producto llega al puerto.
Las interrupciones logísticas pueden prolongar el almacenamiento en terminales, depósitos temporales o patios de contenedores. Esto incrementa la exposición a inundaciones, humedad, fallas eléctricas y desviaciones de temperatura.
En productos perecederos, una interrupción entre el preenfriamiento, el almacenamiento y el transporte puede reducir significativamente la vida útil. En café, cacao, granos y azúcar, la humedad puede provocar moho, condensación, apelmazamiento o pérdida de calidad.
Las empresas deberían revisar inmediatamente:
- capacidad y autonomía de los generadores;
- disponibilidad de combustible;
- conexiones eléctricas para contenedores refrigerados;
- calibración de sensores de temperatura y humedad;
- condiciones de drenaje del almacén;
- altura a la que se encuentra el inventario;
- cobertura de las ubicaciones temporales dentro de la póliza;
- procedimientos para separar mercancía mojada o contaminada.
La documentación también es fundamental. Los registros de temperatura, fotografías, sellos, inspecciones, certificados de calidad y comunicaciones con transportistas pueden determinar si una reclamación de seguro es aceptada o no.
Seguros: revisar la cobertura antes de que ocurra el daño
Tener una póliza no significa que todos los efectos de El Niño estén cubiertos.
El seguro de carga normalmente protege contra pérdida o daño físico de la mercancía durante el tránsito, según las condiciones contratadas. Sin embargo, no necesariamente cubre una demora, la pérdida de un mercado, una penalidad contractual o el deterioro causado por embalaje inadecuado.
Por eso, el exportador debería revisar con su aseguradora:
- riesgos climáticos incluidos y excluidos;
- límites por ubicación y por evento;
- deducibles;
- períodos máximos de almacenamiento;
- rutas y depósitos declarados;
- gastos de salvamento y mitigación;
- tiempos máximos de almacenamiento;
- requisitos y plazos de notificación.
También es importante revisar el Incoterm de cada operación.
Por ejemplo, bajo CIF el vendedor puede cumplir contratando una cobertura mínima que resulte insuficiente para el valor o la sensibilidad de la mercancía. CIP exige una cobertura más amplia, pero tampoco elimina las exclusiones de la póliza.
La pregunta no es solamente quién contrata el seguro. La empresa debe saber quién asume el riesgo, en qué momento se transfiere y qué protección existe realmente.
El impacto del Niño sobre el flujo de caja
Los problemas climáticos no siempre destruyen la mercancía. En muchos casos, simplemente retrasan la operación.
Una entrega que se aplaza dos o tres semanas puede obligar al exportador a pagar almacenamiento, transporte adicional, nómina, proveedores y gastos portuarios antes de recibir el pago del comprador. El resultado es una presión inmediata sobre el capital de trabajo.
Para anticiparse, las empresas deberían preparar un flujo de caja de al menos 13 semanas y simular retrasos de 7, 14 y 30 días.
También conviene negociar con anticipación:
- ampliaciones de capital de trabajo;
- financiamiento de órdenes de compra;
- factoring de cuentas por cobrar;
- extensiones de plazos con proveedores;
- enmiendas a cartas de crédito;
- ajustes de cantidad o fechas de embarque.
El factoring internacional puede ser especialmente útil cuando la empresa ya realizó la venta y tiene una cuenta por cobrar aprobada, pero necesita convertirla en liquidez para continuar operando. Sin embargo, no reemplaza el seguro de carga ni cubre una mercancía que todavía no ha sido aceptada por el comprador.
¿Qué apoyos existen actualmente para los exportadores?
Varios países ya cuentan con programas de protección frente a eventos climáticos.
En Perú, el Seguro Agrícola Catastrófico 2025-2026 permanece activo hasta el 1 de agosto de 2026 y contempla indemnizaciones de hasta S/1.000 por hectárea para productores elegibles.
En Colombia, el Gobierno habilitó COP 67.272 millones para subsidiar primas de seguros agropecuarios. Los pequeños productores de bajos ingresos pueden recibir subsidios de hasta 85%, mientras existen incentivos adicionales para crédito, riego y almacenamiento de agua.
No obstante, estos programas se concentran principalmente en la producción agrícola. No deben confundirse con seguros de carga, cobertura de crédito comercial o compensaciones por incumplimientos de exportación. Además, su acceso depende del cultivo, ubicación, tipo de productor, presupuesto disponible y aseguradora habilitada.
Cinco medidas que todo exportador debería activar ahora
El objetivo inmediato no es rediseñar toda la cadena de suministro. Es reducir los puntos de falla que pueden comprometer los próximos embarques.
1. Mapear los pedidos abiertos
Cada operación debe clasificarse por origen, ruta, puerto, vida útil, Incoterm, seguro, fecha contractual y medio de pago.
2. Confirmar capacidad y rutas alternativas
Verifica con transportistas y navieras la disponibilidad de espacio, las condiciones de calado, las conexiones y las rutas alternativas.
3. Proteger inventario e información
Además de elevar mercancía y reforzar energía y drenajes, es necesario conservar evidencia de temperatura, humedad, inspecciones y estado de cada lote.
4. Revisar contratos y seguros
Una declaratoria de emergencia o la existencia de El Niño no activa automáticamente una cláusula de fuerza mayor. La empresa debe demostrar el impedimento, su relación con el incumplimiento, el aviso oportuno y las medidas adoptadas para mitigar el daño.
5. Asegurar capital de trabajo
Las líneas de financiamiento deberían negociarse antes de que una interrupción afecte los tiempos de entrega, la facturación o la capacidad de pago de la empresa.
Conclusión
El Niño 2026 todavía se encuentra en una etapa temprana, pero las señales operacionales ya son suficientes para actuar.
La prioridad no debe ser predecir con exactitud cuántas exportaciones se perderán. Debe ser proteger la continuidad de la operación: diversificar rutas, controlar la cadena de frío, reducir la concentración de inventario, revisar seguros y contratos, documentar cada movimiento y preservar la liquidez.
Las empresas que esperen a que las restricciones aparezcan reflejadas en las cifras oficiales tendrán menos opciones y enfrentarán decisiones más costosas. En cambio, los exportadores que conviertan las alertas climáticas en acciones concretas podrán responder con mayor rapidez y mantener la confianza de sus clientes.
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